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Blog Campo Krasiba

Xinantécatl. Volcán Nevado de Toluca.

[fa icon="calendar"] 30 julio, 2020 / by Tere Morfín

Xinantécatl quiere decir “anciano desnudo”, y es el nombre que se da al volcán Nevado de Toluca, tan precioso y tan lleno de recuerdos para muchos buzos veteranos. El Nevado está ubicado a 22 kilómetros de Toluca, entre los valles de Toluca y de Tenango. Este volcán tiene una elevación de 4645 metros sobre el nivel del mar, pero su cráter se encuentra a 4,200.

Desde tiempos inmemoriales el Nevado ha sido un sitio favorito para miles de alpinistas y personas que van sólo a caminar sobre sus faldas. A partir de los años sesenta, esta maravillosa cumbre se transformó en el lugar del gran reto, de bucear en el lugar de los dioses, en tres líneas de tiempo:

Buceando en un espacio en que confluyen la historia geológica de la región, con la historia del México prehispánico, y  además con lo más técnico que podía hacerse en buceo en altitud en el mundo, y todo eso, a un par de horas de la ciudad de México.

El Nevado tiene en su cráter dos lagunas de agua cristalina: La Laguna del Sol y La Laguna de la Luna. Las lagunas fueron objeto de culto de los antiguos y nuevos habitantes, en particular de los matlazincas. Desde los primeros buceos que se hicieron allí se encontraron múltiples ofrendas como conos de copal, cerámica y rayos ceremoniales de madera.

Se dice que también en los años treinta Maximino Ávila Camacho hundió en la Laguna del Sol el tesoro del Vita, el barco que trajo a México todas las posesiones y valores de los refugiados españoles, y que este personaje interceptó. Por mucho tiempo hubo allí un pelotón de soldados fundiendo el oro en un crisol, y muestra de ello son las innumerables maquinarias de relojes que muchos buzos encontraron en esta laguna y que ahora forman parte de colecciones particulares.

El Nevado fue por cinco décadas un sitio favorito de buceo para buceadores con experiencia, investigadores y científicos. No era fácil bucear allí: Además de la frialdad del agua, que va de 4 a 10° C, y de la dificultad para subir con los autos hasta el cráter por un camino de chivos rodeado de abismos, el buceo en altitud entraña grandes cambios fisiológicos para quienes lo practican.

El primer cambio que notamos, ya desde la altura del albergue, es la falta de oxígeno, ya que la presión atmosférica local está alrededor de .6 de bar. Esto produce en algunos mal de montaña, y en la mayoría de las personas fatiga y dificultad para hacer actividades físicas intensas. Esta falta de presión en la superficie hace que una persona que está buceando con aire a una presión de más de un bar, si asciende súbitamente, puede perder el conocimiento al llegar a la superficie y encontrarse con el aire enrarecido.

Los cambios más importantes en cuanto al buceo se dan en la relación entre la profundidad y la presión ambiente, y la temperatura del agua. Debido a que en la superficie sólo hay .6 bares de presión atmosférica, ésta presión se multiplica al bajar cada seis metros. Esto hace que seis metros de profundidad sean equivalentes a diez metros al nivel del mar.

Por lo mismo, los buzos necesitan hacer correcciones a las tablas, y utilizar profundímetros o computadoras adaptados a la altitud. Un buceo realizado a 12 metros en la Laguna de la Luna, equivale a cerca de 24. Y también, por el agua fría, es necesario aumentar un grado (generalmente 10 minutos) al tiempo de fondo, de tiempo no buceado. Ese mismo buceo se considera más prolongado debido a la temperatura del agua. 

Hay otros efectos en el equipo de buceo, como grandes cambios en la flotabilidad del traje de neopreno entre el fondo y la superficie, y también sucede que los reguladores alcanzan su funcionamiento óptimo cuando se alcanza una atmósfera de presión absoluta en la profundidad. 

Bucear en el Nevado no era fácil. Llegábamos un día antes al albergue alpino, para aclimatarnos y prepararnos para el día siguiente. Era una dicha caminar por el bosque, degustar la cecina y la sopa de hongos que preparaban los ejidatarios, dormir con ese aire delgado que nos hacía sentir fatigados, y en la mañana temprano, darnos un baño con agua de deshielo para preparar al cuerpo para la experiencia.

La mejor hora para bucear el Nevado es a mediodía, con un poco de sol, aunque no es raro que llegue la niebla, ver pasar las nubes a poca distancia, o recibir una tormenta de nieve y tener que bajar corriendo hasta el refugio. Pero si había buen tiempo, entonces comenzaba el ritual:

Usábamos trajes húmedos de neopreno, completos, con capucha, guantes y botas de suficiente espesor para protegernos del frío. Era muy difícil ponernos los equipos en la altitud, porque todo el cuerpo se entorpece por el frío y la hipoxia, aunque en los buenos tiempos podíamos subir con los autos hasta el cráter y poner un pequeño campamento para auxiliar a los buzos.

Una vez equipados, entrábamos por la orilla, caminando, sintiendo como iba subiendo el agua helada por el interior del traje, hasta que llegábamos a una profundidad en la que podíamos comenzar a nadar. Para mí, uno de los momentos más difíciles era cuando entraba el agua en la capucha, y me producía un dolor intensísimo en todo el cuero cabelludo. Después, me anestesiaba. El otro momento difícil era el dolor que se siente cuando se vuelven a calentar las manos, y regresa la circulación. Era casi insoportable.

En las lagunas no hay mucho qué ver. Siempre entré con la leyenda de que alguien había visto una trucha, pero en realidad lo que había, además del agua clarísima, era fango y miríadas de pulgas diminutas, todas ellas anestesiadas y dormidas. Lo que era espectacular era ver las formas que hacía el fango al levantarse en el agua: como de encaje antiguo.

Aunque muchas personas iban a saquear piezas arqueológicas, para mí el buceo en el Nevado era un evento mágico. Era toda una ceremonia de iniciación para los nuevos buzos avanzados, pero para mí era un encuentro con los lagos de montaña. De hecho, yo acostumbraba a ir una o dos veces al año desde que comencé a bucear. Sé de muchas personas que han podido decir: “antes del Nevado y después del Nevado”.

La zona del volcán estuvo protegida durante 77 años por un decreto otorgado por el presidente Lázaro Cárdenas, pero el 1° de octubre de 2013 el presidente Enrique Peña Nieto y la SEMARNAT le quitaron el estatus de parque nacional para que los terrenos de la falda del volcán pudieran ser explotados para actividades de desarrollo económico y sustentable. Esto significa que el 96% de la superficie del Xinantécatl podrá ser usada por los habitantes, el sector privado y público para que de forma legal, se realicen actividades como extracción de especies forestales, aprovechamiento de vida silvestre y actividades agrícolas, pecuarias, pesqueras y acuícolas, además de construcción y mantenimiento de infraestructura pública o privada. El resto del área montañosa está destinada para la conservación original. 

Otra noticia triste es que ya  no se puede bucear en el Nevado. Después de más de 50 años de saqueo sistemático por mucha gente inconsciente, el INAH descubrió que éste era un sitio arqueológico, y se prohibió el buceo en las lagunas, además de que se cerró el acceso por el camino que lleva al cráter. Creo que esto es una pérdida tremenda para la comunidad de buceo de México y del mundo, además de que ahora queda una mínima parte de lo que fue el contenido arqueológico original.

Sin embargo, nadie nos puede quitar el recuerdo de habernos sumergido en esas aguas tantas veces, de haber disfrutado de la niebla y de la nieve, de haber buceado en El Lugar de los Dioses. Ojalá que algún día se vuelva a abrir el buceo en estas hermosísimas lagunas.

Topics: Innovación, Trabajo en equipo, Capacitación Vivencial

Tere Morfín

Written by Tere Morfín